Guillermo Mesa Velásquez

La Fundación Sembradores de Paz Cali – Fusempaz nació como inspiración de servicio del Padre Guillermo Mesa Velásquez, sacerdote de la Sociedad del Divino Salvador, quien siguiendo las orientaciones del   fundador de su comunidad Padre Francisco María de la Cruz Jordán de origen alemán, se empeñó en hacer realidad su consigna: “Vuela como águila por todo el mundo y proclama la palabra de Dios”.

Guillermo Mesa Velásquez nació en Medellín (Antioquia) el 19 de Junio de 1933 en una familia numerosa conformada por doce hijos, de la cual dos de sus hermanas también ingresaron como religiosas a la Sociedad del Divino Salvador.

Su historia

Adquirió una rigurosa formación académica, cursando su bachillerato en el Seminario Menor Salvatoriano de la Estrella (Antioquia) y al terminar se desempeñó en la misma institución como maestro, a la vez que dirigía el grupo de teatro para el cual escribía los libretos de las comedias y zarzuelas que se presentaban.

En el año 1954, a los 21 años se trasladó a la ciudad de Bogotá para ingresar al noviciado, continuó su preparación tomando clases de física y química en la Pontificia Universidad Javeriana además de cursar tres años de filosofía. Más adelante en 1962 viajó a Roma donde estudio cuatro años de teología, coincidiendo esta época con la apertura del Concilio Vaticano II. Allí fue ordenado sacerdote el 26 de marzo de 1966 a la edad de 33 años en la Catedral San Juan de Letrán. Celebró su primera misa sobre la tumba de San Pedro en la Basílica que lleva el mismo nombre en Ciudad del Vaticano.

Su estadía en Europa la aprovechó para conocer otras ciudades de Italia y varios países como Alemania, Suiza, Austria, Inglaterra, Francia y España.

A su llegada a Colombia asumió por dos años como vicario de la Parroquia Los doce Apóstoles en la ciudad de Medellín. Estando en esta ciudad se realizó en 1968 la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano inaugurada por el Papa Pablo VI, en la cual los obispos plantearon el tema “La Iglesia en la actual transformación de América Latina a la luz del Concilio Vaticano II” que comprendía la dimensión política de la fe, la relación entre desarrollo y salvación y la necesidad de expresar un compromiso total con los pobres y marginados; a partir de estas dimensiones nacería la Teología de la Liberación.

En 1973, el padre Mesa se trasladó a Bucaramanga y allí ejerció su labor pastoral prestando los servicios ministeriales en la Parroquia del Divino Salvador.

Su inquietud por convertir en realidad los principios Salvatorianos y los postulados de la Teología de la Liberación que propenden por la opción preferencial por los pobres, lo llevan nuevamente a Medellín en 1976 para estudiar un año de Pastoral en Medios Marginados en el que se trataban temas relacionados con lo social, político, popular y organizacional, al tiempo que aprendía a hablar de Dios desde la pobreza.

Después de tres años, regresa a Santander y hace su inserción entre los pobres para vivir como uno de ellos y así anunciar el Evangelio en el barrio Zapamanga de Floridablanca, uno de los sectores más deprimidos de la ciudad.  Allí promueve la creación del Comité Cultural de Zapamanga (COCUZA) para sensibilizar a la población sobre el beneficio del trabajo comunitario y de la importancia de la interacción y participación en acciones que transformen la forma de vida de los habitantes del sector.  Se realizaban actividades de tipo lúdico, artístico y cultural al tiempo que recibían formación política impartida por profesores de la Universidad Industrial de Santander.

Simultáneamente con la fundación de COCUZA el sacerdote conformó el equipo de la Pastoral en la Parroquia Jesús de Nazaret que él había ayudado a construir. Este equipo orientaba su trabajo hacia la evangelización y a las celebraciones del culto como también a buscar la integración de las dimensiones religiosa y política

El hecho de que estos dos grupos, funcionaran coordinadamente y que el de la pastoral conectara las dimensiones religiosa y política fue una innovación que se convirtió en lo mejor del trabajo en Zapamanga, lo cual llamó mucho la atención especialmente entre personas con formación y práctica en evangelización liberadora.

El padre Guillermo trabajaba con las comunidades eclesiales de base y era distinguido por su servicio y cercanía con todos, como también por llevar una vida sencilla y austera. Mientras cumplía con su misión apostólica en Zapamanga, se desempeñaba como profesor de religión en un colegio oficial con el fin de solventar sus gastos.

Después de tres años, regresa a Santander y hace su inserción entre los pobres para vivir como uno de ellos y así anunciar el Evangelio en el barrio Zapamanga de Floridablanca, uno de los sectores más deprimidos de la ciudad.  Allí promueve la creación del Comité Cultural de Zapamanga (COCUZA) para sensibilizar a la población sobre el beneficio del trabajo comunitario y de la importancia de la interacción y participación en acciones que transformen la forma de vida de los habitantes del sector.  Se realizaban actividades de tipo lúdico, artístico y cultural al tiempo que recibían formación política impartida por profesores de la Universidad Industrial de Santander.

Simultáneamente con la fundación de COCUZA el sacerdote conformó el equipo de la Pastoral en la Parroquia Jesús de Nazaret que él había ayudado a construir. Este equipo orientaba su trabajo hacia la evangelización y a las celebraciones del culto como también a buscar la integración de las dimensiones religiosa y política

El hecho de que estos dos grupos, funcionaran coordinadamente y que el de la pastoral conectara las dimensiones religiosa y política fue una innovación que se convirtió en lo mejor del trabajo en Zapamanga, lo cual llamó mucho la atención especialmente entre personas con formación y práctica en evangelización liberadora.

El padre Guillermo trabajaba con las comunidades eclesiales de base y era distinguido por su servicio y cercanía con todos, como también por llevar una vida sencilla y austera. Mientras cumplía con su misión apostólica en Zapamanga, se desempeñaba como profesor de religión en un colegio oficial con el fin de solventar sus gastos.

Después de permanecer ocho años y medio en esta comunidad, la Arquidiócesis de Santander decidió retirar al padre de su labor pastoral, debido a acusaciones injustas de sectores derechistas que calificaron su labor como un apoyo a la guerrilla.

Esta noticia no tomó por sorpresa a la feligresía  pues durante las misas del día Domingo él les informaba las razones por las que lo estaban excluyendo de su trabajo  y que además la autoridad eclesiástica  le  había dicho “Usted se va, pero si decide quedarse yo le quito el poder sobre todos los ministerios pastorales que la iglesia concede a los sacerdotes”  siendo la respuesta del padre “no tenga ningún miedo de que me quede porque yo respeto mi ministerio, y lo que aquí realizo lo podré hacer en muchas otras partes”

En su partida los habitantes de la comunidad expresaron el respaldo al padre por la labor realizada, y rechazaron la decisión tomada por la autoridad eclesiástica de Bucaramanga. A pesar de la salida del padre Guillermo, el Comité Cultural de Zapamanga ha continuado desarrollando el trabajo que el promovió.

En su empeño por continuar con su misión evangelizadora, se traslada a Sincelejo (Córdoba) y el Provincial Salvatoriano le solicita que viaje a Ecuador con la misión de reemplazar por un mes a un párroco en ese país. En su regreso al país esperaba ser nombrado párroco en la iglesia del Barrio Diana Turbay de Sincelejo, sin embargo, el Provincial Salvatoriano le informó que no había sido admitido en esa parroquia por motivos similares a los manifestados por la Arquidiócesis de Santander.

En el año 1985, el padre Guillermo llegó a la Iglesia del Divino Salvador en Cali, ubicada en el sur de la ciudad y dirigida por sacerdotes Salvatorianos, allí fue nombrado para ejercer los ministerios pastorales en la capilla del barrio Lourdes.

Continua con su proyecto misionero y se establece en habitaciones sencillas de algunas casas de familia y también en casas de inquilinato de sectores marginales como la Cruz, la Esperanza, Cuatro Esquinas, Los Chorros, y Comedores.

Insertado nuevamente entre los pobres, les ofrece un trato fraterno y los motiva para construir una enramada en el barrio los Chorros que luego se convertiría en la Parroquia Madre del Salvador.

Al mismo tiempo trabajaba como profesor de religión en colegios de Cali, donde les enseñaba sobre la pobreza, los derechos humanos, el respeto por los valores propios y los valores de los demás.

Por esa época fue elegido miembro del Consejo Provincial de los Salvatorianos en la ciudad de Bogotá donde permaneció durante tres años.

En el año 2007 regresó nuevamente a Cali, para organizar el Centro Cultural Comunitario las Colinas (Cecucol) orientado al trabajo con niños, niñas, jóvenes y mujeres  en la construcción de alternativas enfocadas  a lo social, económico, político, ambiental y cultural de la comunidad marginal de la Comuna 18.

En este trabajo se destacó la educadora popular e historiadora Bernarda Pabón Rosero, quien junto al Padre Guillermo lograron  el apoyo de una comunidad de sacerdotes misioneros suizos residenciados en Popayan (Cauca) para: el financiamiento de  un proyecto de educación alternativa para niños y posteriormente  la construcción de la sede de Cecucol. En la Actualidad esta organización continua su trabajo con las mismas orientaciones pedagógicas, culturales y políticas impartidas desde sus inicios.

Asi mismo, conociendo la situación de vulnerabilidad en que vivían los niños y niñas de los barrios Lourdes y Altos de la Cruz, le da vida al Movimiento de Niños y Niñas Sembradores de Paz, el cual existía en otras regiones del país.

Con la experiencia satisfactoria de este movimiento, en el 2008 creó la Fundación Sembradores de Paz- Fusempaz, en la que se recibió a los niños del Movimiento creado con anterioridad y a jóvenes y mujeres del mismo sector popular.

Debido a graves quebrantos de salud en el año 2010 se trasladó a vivir desde los barrios pobres a la parroquia del Divino Salvador para recibir tratamiento médico, logrando recuperar su salud, lo cual fue considerado como una donación de Dios, resultado de abundantes y generosas oraciones a favor de su recuperación y la intercesión del Padre Francisco de la Cruz Jordán.

Esta anhelada recuperación le permitió al padre Guillermo, meses después retomar su trabajo en Fusempaz, como director y animador en todas las actividades. Allí continúa brindando apoyo en los diferentes servicios que la fundación presta a la comunidad.

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